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Cuando fijamos nuestra atención sobre lo que las Escrituras nos revelan acerca de la persona de Jesús de Nazaret se hace realidad lo que Romanos 12:1 denomina nuestro culto racional o auténtico. Significa esto comprender la verdadera gracia de Dios, que envía a Su Hijo Eterno en misión salvadora como un ser humano perfecto, sin relación con el pecado que ha torcido el proyecto original concebido por el Padre. Es colocar fuera de la duda razonable que el mismo Jesús de Nazaret es Jesucristo, Dios encarnado. Al trazar la historia de como la evidencia bíblica ha sido entendida, queda claro que la persona arraigada en el contexto cultural del Medio Oriente es Dios mismo, y no alguna otra interpretación postbíblica. La escueta obra de nuestros autores nos lleva a esta conclusión: al final de nuestras breves vidas, el conocimiento del Cristo sublime ante quien comparecemos no require un tratamiento de familiaridad sino de humilde adoración. Esta actitud debería formarse en nuestra experiencia diaria de comunión con nuestro Señor. Si no lo hemos hecho antes, esta obra nos ayudará en este proceso glorioso.